UNIVERSIDAD
AUTÓNOMA DE BUCARAMANGA
DESH
MUNDO
Y SOCIEDAD
Saber
escribir
Aunque es obvio que uno de los objetivos del
aprendizaje de la escritura es el dominio de la ortografía de la palabra y de
la frase, también lo es que el conocimiento de las reglas ortográficas de una
lengua no garantiza por sí solo una escritura coherente, adecuada y creativa.
Porque, como señala Linda Flower (1989): «Una comunicación escrita es como un
-territorio extenso y desconocido que te contiene a ti, a tu lector/a, tus
ideas, tu propósito y todo lo que puedas hacer. Lo primero que debes hacer como
Escritor/a es explorar este territorio. Tienes que conocer las leyes de la
tierra antes de empezar a escribir el texto».
El aprendizaje de la
ortografía es condición necesaria pero no suficiente para saber hacer cosas con
los textos escritos en nuestras sociedades. De ahí que en el aprendizaje de la
escritura sea esencial no sólo el conocimiento gramatical del código escrito
(un saber sobre fonética y ortografía, sobre morfosintaxis y léxico) sino
también el dominio de una serie de habilidades y de conocimientos textuales,
estratégicos y sociolingüísticos (un saber hacer cosas con la escritura en los
distintos ámbitos de la comunicación escrita). Porque, como señala Raffaele
Simone (1988 [1992, págs, 88 y 89]): «Es más complejo elaborar una estructura
que taponarla con palabras. Esta es la razón por la que los estudiantes (y los
escritores inexpertos) construyen sus textos como sartas, como series, como
enumeraciones (entonces..., entonces..., entonces...) y no como
organizaciones».
En el siguiente texto
Daniel Cassany (1991) analiza las características que deben tener los textos
escritos para ser no sólo correctos sino también adecuados, coherentes y
cohesionados:
Según los estudios de
lingüística textual o de gramática del discurso, cuando hablamos o escribimos
(y también cuando escuchamos o leemos) construimos textos y, para hacerlo,
tenemos que dominar muchas más habilidades: discriminar las informaciones
relevantes de las irrelevantes, estructuradas en un orden cronológico y
comprensible, escoger las palabras adecuadas, conectar las frases entre sí,
construir un párrafo, etc. Las reglas fonéticas y ortográficas,
morfosintácticas y léxicas que permiten formar oraciones aceptables, sólo son
una parte del conjunto de conocimientos que domina, el usuario de la lengua. La
otra parte es la formada por las reglas que permiten elaborar textos: las
reglas de adecuación, coherencia y cohesión.
Adecuación
Es un concepto pragmático que designa
el grado de adaptación del discurso a su situación comunicativa (interlocutor,
género, propósito). La dicotomía adecuado/inadecuado se distingue de la
de correcto/incorrecto porque esta última no incluye la dimensión
contextual del uso lingüístico. Por ejemplo, “el bar es cutre pero cojonudo”
es una oración correcta en español (peninsular), adecuada para una
conversación informal entre amigos, e inadecuada para figurar en una guía
turística. Además de desajustes entre texto y contexto, también podemos hallar
incongruencias dentro de un mismo discurso: interferencias dialectales, caídas
o subidas de registro, etc. Por ejemplo:
“Olvidé la campera en un taxi y no apunté la placa.” Presenta escasa
adecuación dialectal puesto que la campera argentina (cazadora en
español peninsular y casaca en peruano) no se ajusta a la placa peruana
(patente argentina y matrícula española).
Para
evitar solapamientos con el concepto de coherencia, sólo vamos a incluir
dentro de la adecuación la elección y el mantenimiento del dialecto y del
registro apropiados al contexto:
-
Dialecto. Uso sostenido y congruente de la variedad dialectal apropiada
a la situación comunicativa, sea interdialectal (estándar) o intradialectal
general (dialecto regional) o local (dialecto local de pueblo, familia,
idiolecto).
-
Registro. Uso sostenido del registro apropiado al contexto y al género
discursivo escrito. Elección de un grado de especificidad apropiado según el
tema del discurso, del nivel de formalidad apropiado al interlocutor
(conocido/desconocido, estatus), y del tipo funcional necesario según el
propósito comunicativo (objetividad/ subjetividad).
-
Inscripción del enunciador. Elección de las formas nominales (nombres
personales, cargos y atributos) y gramaticales (formas pronominales) con que el
enunciador se presenta en el texto. Formas de modalización.
Coherencia
Hay informaciones relevantes,
que son apropiadas para el texto, y otras irrelevantes, que son
superfluas e innecesarias. Cuando hablamos y escribimos debemos saber
discriminar estos dos tipos de informaciones. [...]
La coherencia es la
propiedad del texto que selecciona la información (relevante/irrelevante) y
organiza la estructura comunicativa de una manera determinada-(introducción,
apartados, conclusiones, etc.)…
Si
en el marco oracional diferenciamos, por ejemplo, Los manifestantes
invadieron la calle (gramatical) de El manifestantes invadiste la calle (agramatical),
según la intuición lingüística de los hablantes, en el marco textual la
coherencia establece paralelamente la frontera entre los textos que el
hablante percibe como bien formados, significativos y adaptados a la situación,
y los que presentan confusiones, incongruencias o limitaciones de algún tipo.
Pero, al ser la coherencia dinámica, dependiente del contexto y escalar (hay un
continuum entre lo coherente y lo incoherente), resulta todavía más
difícil identificar los criterios o las reglas que determinan su funcionamiento.
En el siguiente ejemplo se muestra diversos grados de incoherencia:
“Juan,
Cada día, y una
semana tiene siete días, doy comida a mi gato. Nunca vi un gato que tuviera
tres patas. Patas es una palabra bonita y natural y a nuestro taxista Jazmín,
que adora a los animales, le gusta especialmente, ¡esta palabra!
Maya”
Este escrito tiene cierta cohesión
(continuidad de la primera persona, anáfora le, conectores pero e
y, cadena nominativa: gato, patas, animales) pero ningún
propósito (¿qué pretende decir o conseguir Maya?) ni contenido (¿cuál es el
tema?); es un buen ejemplo de frases cohesionadas sin coherencia.
El
concepto de coherencia procede de la lingüística del texto (Bernárdez, 1982 y
1995) y tiene carácter fundamentalmente pragmático y semántico (e incluso gramatical,
en las acepciones más amplias, que incluyen la cohesión y la formación de
oraciones complejas). Algunos de los aspectos que incluye son:
- Fuerza ilocutiva
y perlocutiva. Correlación
entre el propósito del autor del texto, su contenido semántico y la
situación comunicativa (interlocutor, género discursivo, canal).
- Construcción del
significado. Elección
del contenido informativo según el contexto y el conocimiento
enciclopédico del interlocutor. Atención al grado de explicitación, a la
recuperabilidad pragmática de implícitos, a la macroestructura del
contenido.
- Estructura y
progresión de la información. Ordenación lógica de los datos según el
interlocutor y el género. Uso de las superestructuras particulares de cada
género o tipo discursivo y embalaje informativo (tema/rema) adaptado a la
progresión textual.
- Párrafos y
apartados. Organización
del contenido en unidades compactas, jerárquicas y gráficas. Organización
de las oraciones en el interior del párrafo.
Cohesión
Se
refiere al conjunto de relaciones o vínculos de significado que se establecen
entre distintos elementos o partes (palabras, oraciones, apartados) del texto y
que permiten al lector interpretarlo con eficacia (Ralliday y Rasan, 1976;
Mederos, 1988). Por ejemplo, son recursos cohesivos locuciones como en
cambio, en primer lugar, por otra parte, que conectan elementos anteriores
y posteriores; palabras como aquél, esta condición o considerarla, o
elipsis de sujeto (María se levantó; Ø se acercó...) o de cláusula (yo,
también), que sólo pueden interpretarse recurriendo al contexto verbal
previo, o las relaciones semánticas que se puedan establecer entre el léxico de
un texto (así, en una multa de tráfico: auto, vehículo, estacionar,
conducir, etc.). Veamos un ejemplo:
“El príncipe dejó el
caballo muy cerca del sapo. El sol brillaba detrás de una montaña. Una luz
especial emanaba de sus ojos. Algo le empujaba a besado... Pero entonces croó
el anfibio por sorpresa y el animal se asustó, mientras el joven se partía de
risa.”
Aquí,
la debilidad de formas cohesivas genera ambigüedad. En principio, el lector
puede considerar que le empujaba se refiere a príncipe, puesto
que besar exige sujeto humano (conocimiento semántico); esta suposición
habilita también la interpretación de que sus ojos se refiere al príncipe,
de modo que el discurso mantiene un mismo agente elíptico en las primeras
oraciones. Además, muy probablemente el lector recuerde (conocimiento enciclopédico,
dato pragmático) el esquema «príncipe desencanta con un beso a princesa
transformada en sapo», por el cual puede suponer que besarlo se refiere
a sapo. Pero el resto del discurso, después de los puntos suspensivos,
no confirma necesariamente esta hipótesis y permite inferir, entre otras
interpretaciones, que era el caballo el que intentaba besar al sapo, puesto que
ellos son los sujetos de la última coordinación y que el príncipe (el joven;
conocimiento semántico) no participa en la acción.
Así pues, la cohesión
es la propiedad del texto que conecta las diferentes frases entre sí mediante
las formas de cohesión. Estos mecanismos tienen la función de asegurar la
interpretación de cada frase en relación con las demás y, en definitiva,
asegurar la comprensión del significado global del texto. Sin formas de
cohesión, el texto sería una lista inconexa de frases y la comunicación tendría
grandes posibilidades de fracasar, puesto que el receptor debería conectar las
frases por sí solo, sin ninguna indicación del emisor y con un elevado margen
de error. [...]
Desde un punto de vista didáctico, la
distinción entre coherencia y cohesión permite distinguir los aspectos globales
o macro del texto (construcción del contenido, estructura lógica, adaptación a
los géneros) de los aspectos más locales o micro (anáforas gramaticales, semánticas
y pragmáticas, marcadores discursivos). Algunos procedimientos cohesivos son:
·
Mecanismos de repetición. Uso de procedimientos
sintácticos, semánticos y pragmáticos para relacionar distintas menciones de un
mismo elemento: anáforas, catáforas, elipsis, definición de sustantivos, etc
·
Marcadores discursivos. Uso de procedimientos
de conexión intra y extraoracional que guían las inferencias que realiza el
lector, de acuerdo con distintas propiedades morfosintácticas, semánticas y
pragmáticas (Portolés, 1998, pág. 25)
·
Cadenas nominativas. Selección de léxico de campos
semánticos afines o que mantiene variados tipos de relaciones semánticas, de
acuerdo con el conocimiento enciclopédico de los interlocutores: sinónimos,
antónimos o hipónimos.
·
Sucesión de tiempos verbales. Elección y
coordinación del tiempo, el modo y el aspecto verbal de acuerdo con el tipo de
texto (descripción, narración, etc.), el propósito y el contenido.
Corrección
gramatical
Se
refiere a la norma explícita de uso en una comunidad de hablantes.
Decimos que un texto es correcto cuando sigue unas determinadas
convenciones lingüísticas, establecidas por el uso general de la lengua que
hace una comunidad, y legitimadas por las autoridades lingüísticas de la misma
(academias de la lengua, autores literarios de prestigio, profesorado), en
forma de publicaciones variadas (diccionarios, gramáticas, manuales de estilo,
formularios). Por ejemplo, son incorrectas expresiones como havia (por había),
clubs (por clubes), decía de que (por decía que) o mouse (por
ratón). Pero dentro de la corrección también se incluyen aspectos
estilísticos diversos (puntuación, construcciones sintácticas, selección
léxica) relacionados con la elaboración de la prosa y alejados de los
«problemas» más corrientes de normativa.
Aunque
en principio la norma y su corrección afectan por igual a todos los niveles
discursivos (selección de información, estructura, párrafos, caligrafía, formas
de cohesión), en la construcción de la oración es donde se ha desarrollado de
manera más detallada y explícita, como muestran los ejemplos anteriores de los
planos ortográfico, morfológico, sintáctico y léxico.
Incluye, entre otros aspectos:
·
Léxico. Riqueza, precisión y poetización en la selección
léxica.
·
Sintaxis. Variación y grado de complejidad: grado de
yuxtaposición, coordinación y subordinación; variación en el uso de
conjunciones, uso de incisos largos, etc.
·
Puntuación y otros signos tipográficos. Variación y precisión
en los usos. Uso de signos de puntuación menos habituales: punto y coma, guión
largo, paréntesis, corchetes, etc. Congruencia en el uso de los recursos
tipográficos: cursiva, negrita, sangrados, etc.
++++
Finalmente, además de
estas propiedades, algunos manuales y en especial los baremos de evaluación de
la expresión escrita tienen en cuenta otro factor: la disposición del texto en
el espacio del papel. En este apartado
se incluyen aspectos como el saber separar la fecha, el destinatario o la firma
del resto de la carta, guardar los márgenes oportunos a los lados de la hoja,
etc. Se trata del conjunto de convenciones sociales que regulan la presentación
de los escritos.
CASSANY, Daniel. Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir, Barcelona, Paidós,
1997, págs, 28-32.
CASSANY, Daniel. Construir la
escritura. Barcelona: Paidos, 1999, páginas 80-87.