lunes, 27 de mayo de 2013

SABER ESCRIBIR





UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BUCARAMANGA
DESH
MUNDO Y SOCIEDAD

Saber escribir

Carlos Lomas[1]
Aunque es obvio que uno de los objetivos del aprendizaje de la escritura es el dominio de la ortografía de la palabra y de la frase, también lo es que el conocimiento de las reglas ortográficas de una lengua no garantiza por sí solo una escritura coherente, adecuada y creativa. Porque, como señala Linda Flower (1989): «Una comunicación escrita es como un -territorio extenso y desconocido que te contiene a ti, a tu lector/a, tus ideas, tu propósito y todo lo que puedas hacer. Lo primero que debes hacer como Escritor/a es explorar este territorio. Tienes que conocer las leyes de la tierra antes de empezar a escribir el texto».
El aprendizaje de la ortografía es condición necesaria pero no suficiente para saber hacer cosas con los textos escritos en nuestras sociedades. De ahí que en el aprendizaje de la escritura sea esencial no sólo el conocimiento gramatical del código escrito (un saber sobre fonética y ortografía, sobre morfosintaxis y léxico) sino también el dominio de una serie de habilidades y de conocimientos textuales, estratégicos y sociolingüísticos (un saber hacer cosas con la escritura en los distintos ámbitos de la comunicación escrita). Porque, como señala Raffaele Simone (1988 [1992, págs, 88 y 89]): «Es más complejo elaborar una estructura que taponarla con palabras. Esta es la razón por la que los estudiantes (y los escritores inexpertos) construyen sus textos como sartas, como series, como enumeraciones (entonces..., entonces..., entonces...) y no como organizaciones».
En el siguiente texto Daniel Cassany (1991) analiza las características que deben tener los textos escritos para ser no sólo correctos sino también adecuados, coherentes y cohesionados:

Según los estudios de lingüística textual o de gramática del discurso, cuando hablamos o escribimos (y también cuando escuchamos o leemos) construimos textos y, para hacerlo, tenemos que dominar muchas más habilidades: discriminar las informaciones relevantes de las irrelevantes, estructuradas en un orden cronológico y comprensible, escoger las palabras adecuadas, conectar las frases entre sí, construir un párrafo, etc. Las reglas fonéticas y ortográficas, morfosintácticas y léxicas que permiten formar oraciones aceptables, sólo son una parte del conjunto de conocimientos que domina, el usuario de la lengua. La otra parte es la formada por las reglas que permiten elaborar textos: las reglas de adecuación, coherencia y cohesión[2].

Adecuación

Es un concepto pragmático que designa el grado de adaptación del discurso a su situación comunicativa (interlocutor, género, propósito). La dicotomía adecuado/inadecuado se distingue de la de correcto/incorrecto porque esta última no incluye la dimensión contextual del uso lingüístico. Por ejemplo, “el bar es cutre pero cojonudo” es una oración correcta en español (peninsular), adecuada para una conversación informal entre amigos, e inadecuada para fi­gurar en una guía turística. Además de desajustes entre texto y contexto, también podemos hallar incongruencias dentro de un mismo discurso: interferencias dialectales, caídas o subidas de registro, etc. Por ejemplo:
Olvidé la campera en un taxi y no apunté la placa.” Presenta escasa adecuación dialectal puesto que la campera argentina (cazadora en español peninsular y casaca en peruano) no se ajusta a la placa peruana (pa­tente argentina y matrícula española).
Para evitar solapamientos con el concepto de cohe­rencia, sólo vamos a incluir dentro de la adecuación la elección y el mantenimiento del dialecto y del registro apropiados al contexto:
- Dialecto. Uso sostenido y congruente de la variedad dialectal apropiada a la situación comunicativa, sea interdialectal (estándar) o intradialectal general (dialecto regional) o local (dialecto local de pueblo, familia, idiolecto).
- Registro. Uso sostenido del registro apropiado al contexto y al género discursivo escrito. Elección de un grado de especificidad apropiado según el tema del discurso, del nivel de formalidad apropiado al interlocutor (conocido/desconocido, estatus), y del tipo funcional ne­cesario según el propósito comunicativo (objetividad/ subjetividad).
- Inscripción del enunciador. Elección de las formas nominales (nombres personales, cargos y atributos) y gramaticales (formas pronominales) con que el enunciador se presenta en el texto. Formas de modalización.

Coherencia

Hay informaciones relevantes, que son apropiadas para el texto, y otras irrelevantes, que son superfluas e innecesarias. Cuando hablamos y escribimos debemos saber discriminar estos dos tipos de informaciones. [...]
La coherencia es la propiedad del texto que selecciona la información (relevante/irrelevante) y organiza la estructura comunicativa de una manera determinada-(introducción, apartados, conclusiones, etc.)…
Si en el marco oracional diferenciamos, por ejemplo, Los manifestantes invadieron la calle (gramatical) de El manifestantes invadiste la calle (agramatical), según la intuición lingüística de los hablantes, en el marco textual la coherencia establece pa­ralelamente la frontera entre los textos que el hablante percibe como bien formados, significativos y adaptados a la situación, y los que presentan confusiones, incongruencias o limitaciones de algún tipo. Pero, al ser la coherencia dinámica, dependiente del contexto y escalar (hay un continuum entre lo coherente y lo incoherente), resulta todavía más difícil identificar los criterios o las re­glas que determinan su funcionamiento. En el siguiente ejemplo se muestra diversos grados de incoherencia:
“Juan,
Cada día, y una semana tiene siete días, doy comida a mi gato. Nunca vi un gato que tuviera tres patas. Patas es una palabra bonita y natural y a nuestro taxista Jazmín, que adora a los animales, le gusta especialmente, ¡esta palabra!
Maya”
Este escrito tiene cierta cohesión (continuidad de la primera per­sona, anáfora le, conectores pero e y, cadena nominativa: gato, patas, animales) pero ningún propósito (¿qué pretende decir o conseguir Maya?) ni contenido (¿cuál es el tema?); es un buen ejemplo de frases cohesiona­das sin coherencia.
El concepto de coherencia procede de la lingüística del texto (Bernárdez, 1982 y 1995) y tiene carácter fun­damentalmente pragmático y semántico (e incluso gra­matical, en las acepciones más amplias, que incluyen la cohesión y la formación de oraciones complejas). Algu­nos de los aspectos que incluye son[3]:
  • Fuerza ilocutiva y perlocutiva. Correlación entre el propósito del autor del texto, su contenido semántico y la situación comunicativa (interlocutor, género discursivo, canal).
  • Construcción del significado. Elección del contenido informativo según el contexto y el conocimiento enciclopédico del interlocutor. Atención al grado de explicitación, a la recuperabilidad pragmática de implícitos, a la macroestructura del contenido.
  • Estructura y progresión de la información. Ordenación lógica de los datos según el interlocutor y el género. Uso de las superestructuras particulares de cada género o tipo discursivo y embalaje informativo (tema/rema) adaptado a la progresión textual.
  • Párrafos y apartados. Organización del contenido en unidades compactas, jerárquicas y gráficas. Organi­zación de las oraciones en el interior del párrafo.

Cohesión

Se refiere al conjunto de relaciones o vínculos de significado que se establecen entre distintos elementos o partes (palabras, oraciones, apartados) del texto y que permiten al lector interpretarlo con eficacia (Ralli­day y Rasan, 1976; Mederos, 1988). Por ejemplo, son recursos cohesivos locuciones como en cambio, en pri­mer lugar, por otra parte, que conectan elementos ante­riores y posteriores; palabras como aquél, esta condi­ción o considerarla, o elipsis de sujeto (María se levantó; Ø se acercó...) o de cláusula (yo, también), que sólo pue­den interpretarse recurriendo al contexto verbal previo, o las relaciones semánticas que se puedan establecer entre el léxico de un texto (así, en una multa de tráfico: auto, vehículo, estacionar, conducir, etc.). Veamos un  ejemplo:
“El príncipe dejó el caballo muy cerca del sapo. El sol bri­llaba detrás de una montaña. Una luz especial emanaba de sus ojos. Algo le empujaba a besado... Pero entonces croó el anfibio por sorpresa y el animal se asustó, mien­tras el joven se partía de risa.”
Aquí, la debilidad de formas cohesivas genera ambi­güedad. En principio, el lector puede considerar que le empujaba se refiere a príncipe, puesto que besar exige su­jeto humano (conocimiento semántico); esta suposición habilita también la interpretación de que sus ojos se refie­re al príncipe, de modo que el discurso mantiene un mis­mo agente elíptico en las primeras oraciones. Además, muy probablemente el lector recuerde (conocimiento en­ciclopédico, dato pragmático) el esquema «príncipe de­sencanta con un beso a princesa transformada en sapo», por el cual puede suponer que besarlo se refiere a sapo. Pero el resto del discurso, después de los puntos suspensi­vos, no confirma necesariamente esta hipótesis y permite inferir, entre otras interpretaciones, que era el caballo el que intentaba besar al sapo, puesto que ellos son los suje­tos de la última coordinación y que el príncipe (el joven; conocimiento semántico) no participa en la acción.
Así pues, la cohesión es la propiedad del texto que conecta las diferentes frases entre sí mediante las formas de cohesión. Estos mecanismos tienen la función de asegurar la interpretación de cada frase en relación con las demás y, en definitiva, asegurar la comprensión del significado global del texto. Sin formas de cohesión, el texto sería una lista inconexa de frases y la comunicación tendría grandes posibilidades de fracasar, puesto que el receptor debería conectar las frases por sí solo, sin ninguna indicación del emisor y con un elevado margen de error. [...]
Desde un punto de vista didáctico, la distinción entre coherencia y cohesión permite distinguir los aspectos globales o macro del texto (construcción del contenido, estructura lógica, adaptación a los géneros) de los as­pectos más locales o micro (anáforas gramaticales, se­mánticas y pragmáticas, marcadores discursivos). Algu­nos procedimientos cohesivos son:
·         Mecanismos de repetición. Uso de procedimientos sintácticos, semánticos y pragmáticos para relacionar distintas menciones de un mismo elemento: anáforas, catáforas, elipsis, definición de sustantivos, etc
·         Marcadores discursivos. Uso de procedimientos de conexión intra y extraoracional que guían las inferencias que realiza el lector, de acuerdo con distintas propiedades morfosintácticas, semánticas y pragmáticas (Portolés, 1998, pág. 25)
·         Cadenas nominativas. Selección de léxico de campos semánticos afines o que mantiene variados tipos de relaciones semánticas, de acuerdo con el conocimiento enciclopédico de los interlocutores: sinónimos, antónimos o hipónimos.   
·         Sucesión de tiempos verbales. Elección y coordinación del tiempo, el modo y el aspecto verbal de acuerdo con el tipo de texto (descripción, narración, etc.), el pro­pósito y el contenido.

Corrección gramatical

Se refiere a la norma explícita de uso en una comuni­dad de hablantes. Decimos que un texto es correcto cuan­do sigue unas determinadas convenciones lingüísticas, es­tablecidas por el uso general de la lengua que hace una comunidad, y legitimadas por las autoridades lingüísticas de la misma (academias de la lengua, autores literarios de prestigio, profesorado), en forma de publicaciones varia­das (diccionarios, gramáticas, manuales de estilo, formu­larios). Por ejemplo, son incorrectas expresiones como havia (por había), clubs (por clubes), decía de que (por de­cía que) o mouse (por ratón). Pero dentro de la corrección también se incluyen aspectos estilísticos diversos (pun­tuación, construcciones sintácticas, selección léxica) rela­cionados con la elaboración de la prosa y alejados de los «problemas» más corrientes de normativa.
Aunque en principio la norma y su corrección afec­tan por igual a todos los niveles discursivos (selección de información, estructura, párrafos, caligrafía, formas de cohesión), en la construcción de la oración es donde se ha desarrollado de manera más detallada y explícita, como muestran los ejemplos anteriores de los planos or­tográfico, morfológico, sintáctico y léxico.
Incluye, entre otros aspectos:
·         Léxico. Riqueza, precisión y poetización en la se­lección léxica.
·         Sintaxis. Variación y grado de complejidad: grado de yuxtaposición, coordinación y subordinación; varia­ción en el uso de conjunciones, uso de incisos largos, etc.
·         Puntuación y otros signos tipográficos. Variación y precisión en los usos. Uso de signos de puntuación me­nos habituales: punto y coma, guión largo, paréntesis, corchetes, etc. Congruencia en el uso de los recursos tipográficos: cursiva, negrita, sangrados, etc.
++++
Finalmente, además de estas propiedades, algunos manuales y en especial los baremos de evaluación de la expresión escrita tienen en cuenta otro factor: la disposición del texto en el espacio del  papel. En este apartado se incluyen aspectos como el saber separar la fecha, el destinatario o la firma del resto de la carta, guardar los márgenes oportunos a los lados de la hoja, etc. Se trata del conjunto de convenciones sociales que regulan la presentación de los escritos.



[1] Tomado de: LOMAS, Carlos. Enseñar a  hacer cosas con palabras. Barcelona: Paidós, 1999, 361-364p.
[2] CASSANY, Daniel. Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir, Barcelona, Paidós, 1997, págs, 28-32.

[3] CASSANY, Daniel.  Construir la escritura. Barcelona: Paidos, 1999, páginas 80-87.

No hay comentarios:

Publicar un comentario